Si bien el nombre oficial de la raza según la Federación Cinológica Internacional es Akita, también se les denomina en todo el mundo como  Akita Inu o Akita Ken  especialmente en su país de origen, Japón.

 

           Denominaciones o nombres oficiales de la raza aparte, lo que si podemos afirmar es que es una raza maravillosa, rebosante de elegancia y dignidad. Raro es  ver que una persona que ve por primera vez esta raza no se para con curiosidad, para contemplar la belleza y porte de estos perros.

 

          Aunque lo primero que le llega a una persona al ver a un Akita es su llamativo aspecto exterior, la mayor grandeza la tienen en el interior, hablamos de una raza de perros que son disciplinados, silenciosos y reservados, pudiéndose decir que son fiel reflejo de la milenaria cultura de su lugar de origen.

 

          Como perros guardianes son especialmente eficaces, mostrando un increíble instinto protector, especialmente con los niños. El Akita además solo ladra cuando existe una muy buena razón para ello.

 

          Respecto a la vida en familia, se puede decir sin temor a equivocarse, que son perros que se adaptan a muy variadas formas de vida, ya que pueden llegar a ser felices viviendo en un piso o en una casa de campo. Disfrutan especialmente de la compañía de sus dueños, sobre todo de los mas pequeños de la familia con los que podrán llegar a ser increíblemente pacientes con sus travesuras.

 

          Por su natural capacidad de desconfianza a los extraños e instinto protector es recomendable que sean sociabilizados desde pequeños.

 

          En Japón gozan de una gran reputación, siendo considerados oficialmente como monumento nacional, y siendo símbolos de buena suerte, tanto que es habitual el regalar estatuillas de estos perros.